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Tuesday, August 10, 2010

10 Microcuentos sobre la soledad, la melancolía y el dolor

Abrió sus ojos para sacarse del cuerpo ese invierno eterno de lágrimas encalladas y antiguas melancolías.

Se sentó en la cama y se puso a llorar al contemplarse en soledad frente al espejo, cruel mensajero de la verdad.

Un par de ojos negros que ocultan tristeza. Un pacto de amor. Un beso de sangre. Un renacer y una sed desesperante.

Un deseo animal. La desesperación que se escapa del cuerpo. La furia que no se contiene. Otro grito en la oscuridad.

La tomó del cuello y le mostró que hay detrás del dolor, al tiempo que le robaba el alma.

Abrió sus ojos para soñar despierto y sacarse del cuerpo ese invierno eterno de lágrimas y melancolía.

Un invierno de sensaciones congeló su alma y se sintió como un árbol de raíces secas y frutos caídos en pleno verano.

Le llegó con el viento el triste adiós de las cosas que ya no vuelven más, y le quedó una pena que sólo el tiempo podrá curar.

Sintió todo el peso del mundo sobre sus espaldas, pero juntó las fuerzas para escribir el punto final de su historia.

Y se fue de este mundo de la manera más triste que se puede ir alguien, sin haber sentido jamás lo que es amar.

Monday, August 2, 2010

12 microcuentos de fantasía y ciencia ficción

Bebió todas las estrellas de la noche de los tiempos y a sus espaldas sólo quedaron planetas vacíos y un universo despoblado.

Bajó temblando de su nave y se puso a llorar al contemplar, en soledad, el oscuro anochecer de los tiempos.

Quedó apresado en el instante donde el corazón se detiene y los besos se evaporan. El segundo exacto donde el amor muere.

Miró a través de la ventana de su nave y pudo observar toda la belleza del universo desplegando sus colores para él.

A pesar de tener todo el tiempo en sus manos, no le alcanzó lo que dura la eternidad para apagar tanto dolor.

Y se quedó sentado, observando el lento transcurrir de la eternidad, esperando volver a encontrarla en otra vida.

La última estrella se apagó sobre el monte y con ella murió la frágil esperanza de un nuevo amanecer.

Dejó caer su alma en el espacio infinito, como un cometa encendido, con destino directo de colisión con la estrella que amaba.

El fin de la eternidad trajo consigo el invierno de los tiempos y todo volvió a ser uno, cuando la nada fue todo.

Se sentó en la cima de la montaña y observó el triste paisaje de un mundo que había perdido todos los árboles y las flores.

La acarició entre las piernas y bajo las lunas de Urano le dio un beso que tiñó sus mejillas azuladas de un ardiente carmesí.

Y dejó volar su alma, sólo para volverla a ver, en algún lugar del universo, donde el amor brilla más que las estrellas.

Thursday, July 29, 2010

La noche en 15 microcuentos

La noche se acurrucaba por el frio, buscando abrazos lejanos de besos perdidos que el amanecer le había robado.

Todavía recuerda, aquella noche, en la que perdió algunos pétalos de inocencia y renació como la princesa del dolor.

Cada mañana renacía a la vida para volver a morir cada noche, en las que las estrellas le hablaban de él.

Y una noche decidió dejar todas las lágrimas en un pañuelo y comenzar de nuevo.

Una noche se le escaparon los sueños que guardaba bajo la almohada, de la mano de las caricias que no fueron dadas.

Aroma a encendida noche de pasión, en medio de un fuego que quema las sábanas y baña de sudor a los sentidos.

Cada noche lo soñaba con un aroma renovado, con nuevos lunares en la piel y con un rostro diferente.

Sintió un pozo en el pecho y una daga en una herida mal cerrada, todo en esa noche en la que le dijeron que no

Y lo encontró la noche. Devastado y vacío. Acurrucado en su propia pena, triste y vencido, aguardando sin esperanza el día.

Como en un poema, renació la noche que un ángel le besó la frente y le secó las lágrimas con la suavidad de sus alas

Se le escapan las lágrimas al escuchar esa canción, que le recuerda a aquella noche en la que brilló como ninguna otra.

Aquella noche fría calaba hondo en su alma, buscando los recuerdos que guardaba bajo mil llaves y que no deseaba volver a ver.

Cerró los ojos y se imaginó debajo de un cielo lleno de estrellas, besando a los labios que acaricia todas las noches en sus sueños

Le pintó la noche con la punta de los dedos, le bajó la luna con las manos y le obsequió las estrellas con un beso.

Se encontraron la noche en la que sus almas se llenaron de amor y lo guardaron para siempre en el corazón.

La fotografía que se incluye junto al texto de mis microcuentos pertenece a la galería de imágenes de shanon wise y es compartida bajo licencia Creative Commons.

Thursday, July 22, 2010

25 microcuentos de amor

Glaciares de lágrimas, para acallar los recuerdos de un pasado que quema el corazón de sólo evocarlo

Una luna que se llena de amor, deslumbrada por mil estrellas que se enciende de deseo, en una fugaz noche de ardiente pasión.

Historias de pasión recorren mi imaginación en los sueños inconfesables de noches solitarias y huérfanas de amor.

No se puede vivir amando de rodillas, le dijo con lágrimas contenidas. La puerta se cerró y nunca más se abrió.

Años de dolor le costó comprender el amor. Siglos de soledad le esperan hasta la próxima lección.

Una carta de amor descansa en un cajón, mojada por una lágrima que destiñe el sueño de lo que pudo ser y no fue.

Se le escapó el alma del cuerpo con un gemido de placer, esa noche en la que sintió que escaló hasta la cima del amor.

Contemplando las estrellas, recuerdos de amores me acarician la piel, pero se desvanecen fugaces frente a mí.

Sueños en blanco y negro, de una pasión que me dejó marcas en la piel. Tatuajes de una historia de amor que no olvidé.

Sintió que su alma nadaba como un pez, sumergida en una sensación que nunca había experimentado en el mar del amor.

Escribió la última frase con el corazón en la punta de los dedos y presionó el botón Enviar. Esa frase decía: “Te amo”.

Hacía tiempo que no sentía esa electricidad, la de un beso, que la hizo sudar de pasión y le hizo agua la boca.

Se le escapaba la pasión del pecho, no le entraba tanto fuego en el corazón. Dejó la ropa a los pies de la cama y lo amó.

Frases de amor en los labios. Poesías susurradas al oído. Caricias que erizan la piel. Pasiones que abrazan el alma.

Besos que tiñen olvido. Caricias que buscan el amor que se ha descuidado. Lágrimas que no disimulan lo que se ha perdido.

Cruzó océanos helados, atravesó desiertos que parecían infiernos, sólo para llegar hasta ella, abrazarla, besarla y … amarla.

Miró al cielo y entre millones de estrellas no puedo hallar a aquella que amaba, y se encontró solo en la inmensidad.

Soñó una y otra vez con el sabor de sus besos y el fuego de su boca. Pero la realidad fue más que sus propios sueños.

Había olvidado que sabor tenía el amor y cuando volvió a beber de esa copa, se embriagó de placer.

Lleva grabada en el pecho, aquella noche, la que se quedó sin aliento de tanto amar.

Había dejado el amor olvidado en un cuarto de hotel y ya no recordaba cómo se usaba el corazón para volver a empezar.

Se fundieron las sábanas con el sudor y la piel, la noche que encontró más amor, que el que le entraba en el cuerpo.

Amor no es una palabra que se lleva el viento, es una promesa que se escribe con el cuerpo. Lo entendí cuando lo perdí.

Cada día le escribía promesas de amor incumplidas, hasta que la perdió y entre un millón de estrellas no halló otra igual.

Sintió enloquecer su corazón cuando la vio parada ahí, pero no supo que decir y ese segundo de amor se desvaneció.

Friday, July 16, 2010

30 Microcuentos

Un grano de arena durmiendo en el mar. Una estrella soñando en el infinito. Un alma despertándose en la eternidad.

Ella tenía los ojos de cielo, la mirada más hermosa que recuerde. Ella era perfecta para mí. Pero sólo existía en mi imaginación.

Dos miradas que no se cruzan. Un par de labios que no se rozan. Las caricias que no llegan. Otra noche de lágrimas sin testigos.

La noche susurra las palabras mudas del adiós, a un oído sordo que no quiere escuchar el final de nuestra historia de amor.

La luna espía por la ventana, el mágico brillo de una noche de sábanas arrugadas, que envuelvan la pasión en su interior.

Pasaron diez días y cien noches en vela hasta que comprendí que no podía vivir sin ella. Pero ya no estaba aquí para contárselo.

Lágrimas por besos. Soledad por compañía. Heridas por caricias. Otoños por primaveras. Cambios que nos cambian por dentro.

Las grises nubes del invierno le borraron del rostro la sonrisa a aquél que no había aprendido la lección.

Suspiros. Atardecer. Nieve. Cabaña. Leña. Fuego. Calor. Amantes. Risas. Juegos. Seducción. Pasión. Anochecer . Gemidos.

Noche de angustia fría, de cuarto menguante, de estrellas que no brillan, de vidas perdidas sin historias de amor.

Vestigios de sueños en la almohada, ilusiones perdidas en noches de lágrimas frías y la fe desteñida en la mesita de luz.

Las pasiones que acarician amores, le piden permiso a los sentidos para el ritual de los cuerpos encendidos.

El frío era su único compañero y la luna anunciaba otra noche sin lujos en un hotel de un millón de estrellas.

Recuerdos borrosos de un futuro que añora el pasado, flotan en el minuto eterno en el que te perdí para siempre.

Una guitarra huérfana de notas, un poster que dejó su color en una pared y los sueños adolescentes que ya no vuelven.

El sol se esconde detrás del humo. Siete mares helados. Playas nevadas. Desiertos congelados. Días sin luz. Cuerpos sin alma.

Gusto a hiel en la lengua. El beso de un adiós con sabor a vinagre, que le dejó sal en las heridas y el alma partida.

Quería escribir la canción más bonita del mundo, pero sólo le salían los versos más tristes de esta tierra.

Un día la madre angustiada lloró y tembló. Ecología=Tomemos conciencia. El futuro es el lugar donde pasaremos el resto de nuestras vidas.

Noches de besos fríos y caricias deshilachadas. Madrugadas de sensaciones ocres, amores de ocasión y corazones vacíos.

Sábanas frías que guardan recuerdos y lloran cada noche los retazos de un amor que se transformó en lágrimas.

La pasión le hace el amor a la imaginación, mientras el pincel juega con el lienzo y se enamora del color. #microcuentos
Un impetuoso gemido, confidente de un eléctrico ardor, atravesó la noche como una fecha, mezcla de fuego y pasión.

Príncipes azules de cuentos de hadas, sumergidos en la rutina de la realidad, resultan iguales a todos los demás.

La mirada fija en el suelo, buscando consuelo por un amor que se terminó y sólo le dejó una pena enorme en el corazón.

Vuelvo con el alma cansada a la ciudad gris, de la que partí hace tiempo, pero de la que nunca me fui.

Me pregunto si en el universo infinito puede existir un eclipse más triste y sombrío que el de un corazón que perdió un amor.

¿Podrá existir un amor tan infinito como el universo en toda su inmensidad? ¿Podrá caber en un solo corazón tanta pasión?

A millones de años luz de casa puedo sentir todo el universo a mí alrededor, pero también un vacío inmenso en mi interior.

Aullidos en la soledad de una fría noche de luna llena, recuerdan viejas leyendas de historia que no dejan dormir.

Saturday, December 19, 2009

Besos de amor

Aquellos besos que ya no vuelven
convierten mi vida en algo raro

tus besos eran mi faro la única luz
que guiaba mi rumbo
en la oscuridad del mar
y la tormenta
no existe nada igual
que aquellos besos míos ....
tus besos, aquellos besos
tan dulces
como aquellos besos
nuestros
que son del color de tu ropa interior
siempre me volvieron loco de amor … (Aquellos besos – Andrés Calamaro)

Le dio el beso más dulce que jamás imaginó poder entregarle. Le acarició el pelo y la miró a los ojos, con la ternura de quien mira al amor de su vida.

Ella tenía los ojos clavados en el infinito y ni siquiera percibió aquella dulce acción. Sin embargo, él volvió a abrazarla y a besarla como el primer día. Le acarició el rostro, pasó sus labios sobre sus mejillas y le susurró algo al oído.

La mujer se mantenía recostada en la cama, mientras él hacia todo lo posible para volver a conquistarla. Parecía que no perdía la ilusión de regresar a aquellos días de amor y pasión que los habían unido años atrás. Pero ya nada sería igual para los dos.

Él le acarició la mano con dulzura, y una vez más le pidió perdón al oído. Con cuidado, retiró el cuchillo del cuerpo de su amada y se recostó junto a ella.

Con firmeza sostuvo el cuchillo con sus dos manos, con el filo apuntando a su propio pecho. Bajó ambos brazos con la firme convicción de que estaba haciendo lo el destino había decido para él y lo hundió en su piel.

La sangre comenzó a brotar. Primero suavemente, luego con mayor vehemencia. Con sus últimas fuerza, el hombre terminó de hundir el cuchillo en su cuerpo e inclinó la cabeza para ver, por última vez el rostro de su amada tal como la recordaría siempre, con la ilusión de volver a encontrarla en otra vida.

No hubo un túnel, ni una luz al final del camino. Tampoco llegó ella vestida de ángel para rescatarlo y perdonarlo. Sólo hubo sombras y oscuridad, las que lo cubrieron por el resto de la eternidad.

La fotografía que se incluye junto al texto de esta entrada pertenece a la galería de Matthias Rosenkranz y es compartida bajo licencia Creative Commons.

 
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